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Un año sin Panamá

Un año ha pasado desde que dejamos Panamá, y se me revuelven las tripas y el corazón ; una mezcla de melancolía, amor, emoción, extrañamiento y nostalgia. Qué difícil ha sido readaptarse a la vida del DF. Extraño a mis amigos, a mi proyecto de yoga, Atmaná, los bailes abstractos, Pilates Way, Mind body balance , el cuarto rojo, la playa, el patacón y el pescado frito. Pero sobre todo la piña. Apenas hace unos dos meses empecé a comprar piña de nuevo porque hasta ese momento me había rehusado a probar una piña que jamás se compararía con la piña amarilla intensa y dulce que comí en Panamá.

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Este post es una celebración de lo que creo ha sido uno de los retos más difíciles y bonitos en mi vida : mudarme a un país que no me pareció emocionante al principio y del cual terminé enamorada. Con todos sus tintes de felicidad el primer año que viví en Panamá tristemente me la pasé quejándome, tratándome de escapar a México en cualquier oportunidad, esforzándome en lugares equivocados. El segundo año pintó mucho mejor y los esfuerzos en mi vida empezaron a ser más acertados. El tercer año fue absolutamente emocionante ya que empecé a ver frutos de los esfuerzos de adaptación, las amistades se volvieron familia, experimenté una sensación de familiaridad total con un lugar que me había parecido extraño hasta ese momento. Tal fue la comodidad que sentí, que llegué a considerar quedarme permanentemente. Y así llego el tiempo de partir.

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Uno de los tantos buenos consejos que recibí fuera de mi país fue el de no dejar de tomar decisiones en una situación que pudiera considerar temporal en mi vida. Decisiones y esfuerzos que pueden mejorar considerablemente tu experiencia de cualquier cosa. Lo hacemos todo el tiempo. No pintamos nuestro departamento porque creemos que no viviremos ahí el tiempo suficiente para justificar el gasto. Vivimos ese tiempo infelices porque el lugar nos parece horrible pero no hacemos nada por mejorarlo.. Lo peor es que cuando lo pintamos tenemos que irnos de ese lugar. ¿Pero realmente pintarlo es una acción perdida?

¡Claro que no! Pintarlo es vivir. No podemos darle pausa a nuestra vida porque no sabemos a dónde va . A veces situaciones como desempleo, enfermedad, lugares temporales, crisis nos hacen creer que ese es precisamente el suelo de la incertidumbre. Pero la incertidumbre es parte de nuestra vida en TODO momento hasta en las situaciones en las que sentimos más control. Entonces ¿porqué detenernos en estas situaciones dónde hay dificultades? Hay un libro precioso que habla de esto, se llama “When things fall apart” de Pema Chödrön. Pema Chödrön nos dice que la certeza, permanencia no existen, nos invita a caminar en el camino de el no saber . ¿Cómo darnos cuenta de que una situación de dificultad no es tan diferente a una situación ideal?

Viviendo fuera crees que tienes menos certeza de la que tendrías viviendo en un lugar en el que te ves en el futuro, envejeciendo. En ambos todo en nuestro alrededor esta en constante cambio: La naturaleza y nuestra vida cotidiana. Los lugares ,las estaciones, el paisaje. Nos acercamos o nos alejamos de personas. Nos casamos, nos divorciamos. Celebramos nacimientos y asistimos a funerales. Envejecemos y cambiamos. Un día apostamos nuestra vida por una creencia y no mucho tiempo después abogamos por lo contrario que pensábamos. ¿Porque nos sentimos más seguros en el lugar dónde nos vemos a futuro , si ese también es un lugar de cambios?

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Este cuarto año en México ha sido más difícil e incluso menos certero que mi primer año en Panamá. Las distancias, el tráfico , el caos , la triste violencia de México. Violencia que por primera vez experimentamos más cerca en carne propia y que la que se perpetra contra los demás se siente como si fuera a uno mismo y lastima demasiado. México es un lugar de contrastes. Al mismo tiempo sintiendo una inmensa gratitud de estar cerca de nuestra familia de sangre y espiritual. Nuestros amigos entrañables. La Sangha, los Arquitectos, los Kendristas y los oaxaqueños. Se siente bien estar sueltito y dejarse amar . Se siente bien dejar de esforzarse y dejarse caer en este colchoncito de cariño.

Panamá a pesar de haber quedado atrás ha seguido siendo hoy por hoy parte de mi. Es un referencia constante en mis anécdotas, un aprendizaje de la impermanencia y el cambio. Lugar entrañable lleno de recuerdos, gente hermosa, y experiencias. Lugar que probo que puedo dedicarme al yoga . Lugar dónde empecé a caminar en el camino de en medio, sin opiniones extremas y con una apertura que nunca creí tener. Qué chistoso que me siga sintiendo sin piso en México. Así sigo caminando sin certezas a veces con un poquito de pánico ya veces respirando y fluyendo un poquito mejor.

 

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